Falta de respeto hacia los padres y desobediencia

Falta de respeto a los padresEn ocasiones, los padres sentimos que hemos perdido el respeto por parte de nuestros hijos, que nos ponen a prueba, que nos vacilan y que lo que les decimos les entra por un oído y les sale por el otro, lo que genera una sensación tremenda de estrés, rabia y frustración. Estos sentimientos pueden llegar a hacer que todavía busquemos imponernos más y, al final, nos encontramos metidos en una espiral sin salida. La pescadilla que se muerde la cola, vamos.

Esta falta de respeto o desobediencia suele tener su origen en la ausencia de límites, normas y responsabilidades desde que son muy, muy pequeñitos. Y con límites y normas no nos referimos a castigar o a decir simplemente “eso no, baja de ahí, no toques eso”. Los límites ayudan a los niños a regularse, a comprender el mundo que les rodea y a sentirse seguros, aunque nos cueste entenderlo. Los límites son completamente necesarios para el desarrollo correcto de nuestro hijo.

Uno de los mayores errores que solemos cometer es la forma que tenemos de dirigirnos a ellos. Sabemos de sobra que cómo nos digan las cosas va a generar una reacción u otra muy distinta, aunque el mensaje que nos transmitan sea el mismo. No nos sentiremos igual si nos dicen “siéntate y haz los deberes” que si nos dicen “vamos a hacer los deberes”. Aunque estamos diciendo lo mismo, la segunda expresión es mucho más efectiva y favorece que nos involucremos en la actividad. Pues, como es de esperar, con los niños ocurre exactamente igual.

¿Cómo establecer límites?

Es frecuente que, como padres, pongamos las normas y esperemos que los niños las cumplan sin más a base de imposiciones y castigos. Con algunos niños funcionará y con otros no, pero lo más importante es que la forma de dirigirnos a ellos a través de la imposición no es la mejor opción y no estamos tratándole desde el respeto. ¿Y si cambiamos la forma en que los establecemos?

Es mucho más eficaz poner las normas entre todos. Cuando son muy pequeñitos serán pocas normas y muy sencillas, pero, conforme crezca, podremos ir añadiendo nuevas en las que se fomente su autonomía. Nos sentaremos todos juntos e iremos estableciendo qué límites vamos a poner y a respetar de ahora en adelante, esto hará que el niño se involucre en el respeto de las normas y las aprenda con mayor rapidez.

¿Y si mi hijo siempre responde sistemáticamente con ira?Falta de repeto

Antes de nada, hay que recordar que los niños muestran ira y tienen rabietas porque no tienen otra forma de expresar y exteriorizar que no se sienten bien con una situación. Nadie les ha enseñado y aún son pequeños para comprender cómo se sienten y que tienen alternativas de actuación. Conforme crecemos vamos aprendiendo a controlar el enfado, a canalizar la ira y a responder ante las situaciones que nos generan malestar desde una posición más tranquila y asertiva.

Lo que vamos a hacer desde que son muy pequeñitos es a validar y respetar sus emociones, ya que nos van a acompañar durante toda la vida. No sirve de nada tratar de bloquear un enfado o un momento triste, son emociones y ¡¡¡son tan válidas y necesarias como la alegría!!! Cuando nuestro hijo se enfade y tenga una explosión de ira podemos acercarnos a él y decirle “me doy cuenta de que estás muy enfadado ¿me cuentas cómo te sientes y cómo crees que te puedo ayudar?”.

De esta forma el niño comprende su emoción, sabe que le vamos a apoyar, comprende que sentirse enfadado es válido y a veces ocurre y, sobre todo, es más probable que termine haciendo lo que le pidamos.

En definitiva, lo que vamos a intentar es cambiar la forma de dirigirnos a ellos, respetando sus emociones y validándolas, haciéndole partícipe de la toma de decisiones familiares (en cuanto a límites se refiere) y, sobre todo, respetándoles a ellos. Están en una fase de aprendizaje constante y acompañarlos es el mejor ejemplo que podemos darles.

 

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